Haciendo vago al sistema enzimático

sisvago

A raíz de escuchar y leer una y otra vez a muchísimas personas “yo es que soy intolerante a esto o aquello y por eso no lo como” (sin pruebas médicas que lo demuestren), me pregunto si esto de ser intolerante no será una moda más. No sé, pero a veces pienso que los raros somos aquellos a los que nos sienta todo más o menos bien y no creemos tener ninguna patología que nos impida comer algo concreto.

Ayer me puse a investigar más sobre el tema y he sacado referencias de dos buenos profesionales: Raquel Blasco y Juan Revenga, con los que además tuve la oportunidad de interaccionar online para comentar el asunto.

A mis 39 años, habiendo pasado por un TA en la adolescencia (bulimia), luego por dietas locas y restrictivas, habiendo suprimido alimentos porque “eran malos” o “engordaban” (como si lo hicieran por ellos mismos por arte de magia) y pasando por una pequeña etapa “eat clean”, creo que puedo hablar con propiedad desde mi experiencia. Ahora como absolutamente de todo y prácticamente a diario: carnes, pescados, huevos, lácteos, frutas, verduras, cereales, legumbres, frutos secos, algún dulce si me apetece, etc. Nunca he tenido mejor analítica ni mejores niveles constantes de energía y mis digestiones han mejorado considerablemente (de hecho creo que son de lo más normales).

Haciendo referencia a la frase que titula este post, en su día hice vago a mi sistema enzimático.

Fueron bastantes años sin casi probar las carnes, lácteos o los huevos. ¿Y qué pasó? Que cuando le perdí el miedo a comer de todo, tardé más de un año en reeducar a mi sistema digestivo: mis enzimas trabajaban menos que la chaqueta de un guardia. Consecuencias: un año de gases que me río yo del metano que expulsan las vacas (perdón planeta Tierra por haber contribuido al calentamiento global), digestiones lentas, estómago inflamado, periodos de estreñimiento alternados con diarreas (síndrome de colon irritable diagnosticado). Todo muy bonito, vaya. Pero como pasa con todo, es cuestión de ser constante y acostumbrar/entrenar al cuerpo.

Habrá quien diga que si tuve que pasar un año por problemas digestivos es porque en realidad “seguro que algo de lo que comía me hacía daño” pero lamento decir que no es así. De pequeña comía absolutamente de todo, incluso golosinas, dulces y demás chucherías; no a diario, pero sí de vez en cuando. Jamás tuve ningún problema de salud, es más, creo que fui de las pocas niñas de mi clase (y éramos 44) que solo pasó por una enfermedad típica infantil (sarampión en mi caso), mientras que las demás tuvieron 3 ó 4. Jamás tuve sobrepeso, sino más bien lo contrario, era bastante delgadita. Otro apunte: de las 44 alumnas que éramos en clase, con sobrepeso obvio solo había 2. Habría que echar una mirada a las aulas de hoy en día, ahí lo dejo.

Así que, como decía, tras pasar por un año donde mi cuerpo tuvo que hacer sus reajustes, puedo decir que han desaparecido todos los problemas, incluso el SII (aunque en esto también han influido ciertos reajustes emocionales).

Nuestro organismo es una máquina maravillosa que, salvo excepciones por enfermedad, sabe hacer de todo. Para eso tenemos un hígado, un páncreas, unos riñones, unas enzimas, unas bacterias… Bajo mi punto de vista, desconfiar de nuestro cuerpo cuando es la prueba de que si ahora estamos aquí es porque ha sabido adaptarse perfectamente al medio es despreciarnos a nosotros mismos.

Así que la conclusión que saco tras darle vueltas al tema y molestarme en leer un poco es que ahora lo que hay es mucha tontería con la comida y que la epidemia actual no es otra que buscar problemas donde nos los hay (muy típico de las sociedades del primer mundo), así como muchas ganas de echar la culpa o hacer responsable a un factor externo de lo que no somos capaces de gestionar por nosotros mismos. Supongo que siempre es más fácil decir que uno no adelgaza o no está en forma porque es intolerante a no sé cuántos alimentos, como si eso impidiera al cuerpo llegar a tal o cual punto, que hacerse cargo de la propia salud, de nuestro estado de forma y de la apariencia que nos gustaría tener (siempre dentro de nuestras posibilidades, ojo, objetividad ante todo) cuando todo esto solo depende de nosotros.

Además, también hay mucha afición a hacer negocio a costa del dinero y las ilusiones de los demás (véase el último enlace al final del post).

Como apunte curioso, lo que me comentó ayer Alex Díez sobre este asunto: qué casualidad que nadie dice que es intolerante a las hamburguesas, los bollos, las palmeras de chocolate o las patatas fritas, ¿no? Eso como mucho, nos sienta mal, pero lo toleramos estupendamente, oiga.

Con la inmensa variedad y cantidad de alimentos que tenemos a nuestro alcance y con una capacidad económica que nos permite adquirirlos, me parece tremendo que nos quejemos y busquemos problemas donde no los hay. No sé qué dirían de tanto “intolerante” en los países donde no disponen de comida para todos de una forma tan sencilla como la nuestra. O nuestros abuelos o padres que pasaron por una posguerra.

Es una lástima que estemos desperdiciando la oportunidad que tenemos la mayoría de nosotros de poder acceder a tanto alimento nutritivo y veamos fantasmas donde no los hay. Y también me parece una pena que teniendo la posibilidad de hacernos cargo de nuestra salud, no lo hagamos y usemos esa energía para quejarnos y echar la culpa a otros de nuestras desgracias.

Para ir terminando, os dejo unos extractos interesantes sacados de los post que os enlazo más abajo:

Raquel Blasco: “Cada vez es más común la aparición en la consulta de pacientes con intolerancia real (o no tanto, casi lo podríamos denominar un desentrenamiento a la ingesta)”.

Raquel Blasco: “Tampoco debemos de olvidar el ‘hiperdiagnóstico’ y el ‘yo creo que soy intolerante’Me gustaría destacar aquí que si mantenemos en el tiempo el desentrenamiento de nuestro sistema enzimático a la lactasa tras una pérdida transitoria de funcionalidad perderemos la opción de aprovechar un nutriente magnífico como es ese disacárido, la lactosa, al que hemos dedicado esta entrada”.

Juan Revenga: “No son pocas las personas que teniendo unos síntomas más o menos inespecíficos y relativamente similares a los de la intolerancia a la lactosa se ‘creen’ intolerantes, cuando en verdad no lo son. En estas personas esos síntomas tendrían otro origen, otra etiopatogenia y, por lo tanto debemos de realizar un correcto diagnóstico”.

Juan Revenga: “Existen diversos estudios que sugieren que una parte importante de la población que dice ser intolerante a la lactosa no lo es. Es decir, no son pocas las personas que teniendo unos síntomas más o menos inespecíficos y relativamente similares a los de la intolerancia a la lactosa se ‘creen’ intolerantes, cuando en verdad no lo son. En estas personas esos síntomas tendrían otro origen”.

Podéis ver la formación y los currículums de Raquel Blasco y Juan Revenga aquí:

  1. Blasco
  2. Revenga

Y para cerrar os dejo otro artículo interesante sobre los test de intolerancia alimentaria:

http://www.cocinillas.es/2014/03/test-de-intolerancias-alimentarias-que-no-te-la-cuelen/

Comed sin miedo. ¡Hasta pronto!

**N. del A.: este es un artículo de opinión basado en la experiencia y opinión personal. En ningún caso pretende poner en duda el diagnóstico de un profesional. Si crees que tienes algún problema de salud, acude a tu médico para que diagnostique o descarte una posible enfermedad.

Referencias:

https://raquelblascor.wordpress.com/2015/02/18/intolerancia-a-la-lactosa-y-deporte/

http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2012/10/19/test-de-intolerancias-alimentarias-totalmente-intolerable/

​http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2012/04/16/intolerancias-que-son-la-leche-intolerancia-a-la-lactosa/

http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2012/03/27/es-el-ser-humano-el-unico-que-consume-leche-tras-la-lactancia/

 

Escrito por: Sonia Úbeda

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7 comentarios en “Haciendo vago al sistema enzimático

  1. Reblogueó esto en Raquel Blasco Blog Ex notitia victoria-Saber para vencery comentado:
    Hay ocasiones que un titular escrito por otra persona, define más claramente los pensamientos de lo que uno mismo ha escrito. Eso es lo que ha pasado con el titular de Álex Díez en https://healthypersonaltraining.com/2015/03/02/haciendo-vago-al-sistema-enzimatico/
    La verdad es que la intolerancia a la lactosa, no se trata de un problema intestinal grave. Se puede convivir con la intolerancia siguiendo, simplemente, unas recomendaciones dietéticas. No obstante, no debemos olvidar que este problema nos puede llevar a enfermedades más graves, de ahí nuestra insistencia en que cada paciente ha de ser estudiado para su correcto diagnóstico y adaptación de un tratamiento dietético adecuado a sus características….Pero tampoco debemos de olvidar el hiperdiagnóstico y el “yo creo que soy intolerante”. Me gustaría destacar aquí que si mantenemos en el tiempo el desentrenamiento de nuestro sistema enzimático a la lactasa tras una pérdida transitoria de funcionalidad perderemos la opción de aprovechar un nutriente magnífico como es ese disacárido, la lactosa y conseguiremos lo que dice Álex: Hacer vago a nuestro sistema enzimático
    Enhorabuena, Álex 🙂

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    1. Gracias Raquel por comentar la entrada todo un placer poder “aprovecharnos” de tus conocimientos. Hay que agradecer la entrada a Sonía que es la que ha estado trabajando sobre ella. Saludos!

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